Y cuando me di cuenta, ya era demasiado tarde. Estaba rodeada de personajes, sí, personajes como en una obra de teatro.
Cada uno interpretaba su papel perfectamente, y al final nadie era quien parecía ser.
La verdad, nadie era muy diferente, los personajes se imitaban unos a otros, todos falsos.
Pero las cosas son así.
Yo aprendí a ser un poquito más fuerte cada vez, y a que llegara un punto, en que todo me resbalara, a no guiarme por las modas, ni por lo que dijeran. Y cosas como esas son las que me hacen un poco más diferente a los demás.

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